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Una concesión administrativa como opción principal para salvaguardar el Beti-Jai.

Distintas organizaciones y colectivos vecinales del distrito de Chamberí creyeron ver, tras la expropiación del Beti Jai por parte del Ayuntamiento de Madrid, que había llegado el momento de rehabilitar este mítico edificio, pero la verdad es que después de muchos años de lucha y búsqueda de compromisos políticos con la causa, todavía no existe sobre la mesa una propuesta concreta en donde se compatibilice la rehabilitación del mismo con su explotación y consiguiente sostenibilidad. Estos colectivos reconocen que unas instalaciones enfocadas exclusivamente al uso de la pelota, no serían rentables y proponen crear un espacio multideportivo y multicultural, utilizando el Beti-Jai para otras actividades, como esgrima o espectáculos culturales  además de explotarlo con ferias comerciales, alquileres para exposiciones o actividades de restauración. Pese a ello, llama la atención el hecho de que se carezca, a día de hoy, de un mínimo Estudio de viabilidad que permita hacerse una idea de algo tan básico e imprescindible a la hora de hablar de “sostenibilidad” como es el aforo que estas instalaciones admitiría adaptándose a la normativa urbanística actual, y sin embargo exista un posicionamiento de determinados colectivos a favor de la construcción de un aparcamiento subterraneo bajo la cancha como manera de rentabilizar la obra de rehabilitación, pero sin estudio de mercado alguno que lo sustente…..

Aunque todavía no existe un acuerdo oficial, distintas fuentes aseguran como escenario más probable para el futuro del frontón Beti Jai, una concesión administrativa a favor de una fundación del arquitecto Norman Foster para que este pueda explotar el espacio manteniendo la titularidad pública de las instalaciones. Hace ya tiempo que la UNESCO, a través de distintas comunicaciones, y concretamente de su Manual de referencia sobre Gestión del patrimonio Mundial cultural, se manifiesta totalmente partidaria de sistemas de gestión del Patrimonio que ayuden a conservar y gestionar un bien de un modo sostenible, protegiendo sus valores y promoviendo la obtención de beneficios sociales, económicos y ambientales más allá de los límites del bien, y no limitándose a conservar estructuras específicas, como ocurría en el pasado. 

Se hacen necesarias políticas para la conservación que preserven historia y naturaleza, sin dejar de lado la prestación de nuevos servicios, usos o diseños que permitan obtener productos y resultados con carácter sostenible. En países como Francia, el Ministerio de Cultura ya estableció hace años una política de renovación, aprovechamiento de los espacios e implantación de actividades económicas en los monumentos históricos que ha dado origen a la licitación de concesiones administrativas tan destacadas como la de tres edificios del Palacio de Versalles desocupados desde 2008, para su uso hotelero.

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